lunes, 28 de febrero de 2011

La historia de

 
        En el seno de una gran ciudad de rascacielos, de araña nubes con ventanas dinámicas y oscuras. Como en todas las ciudades, hay edificios posteriores y recién construidos. Los antiguos expresan movimiento y dinamismo. Los nuevos son muy fríos, de color metálico y limpio; mientras que los antiguos son altos y recorren el espacio con aspecto grasiento y desgarrado. Las puertas metálicas recuerdan a los viejos cementerios. 
Hay un gran contraste de luces y sombras, entre edificio y edificio se encuentra la penumbra más oscura y olorosa a humeante frío amarillento, un azul verdoso que congela los rallos de luz y los guarda en la basura.
Las calles principales son anchas, con aceras amplias de adoquines grandes y desquebrajados por la lluvia. No hay árboles. Las carreteras son de varios carriles y apenas pasan coches. Los pasos de cebra son encrucijadas para los viandantes; cada franja de color blanco se concierte en columna bajo relieve de cemento, así pues, quién no está atento, mirando y estando alerta, con los ojos bien abiertos caerá entre dolmen y dolmen al vacío mas lejano.
Las farolas, que ocupan una pequeña parte de las aceras son de alambre grueso, Pero alambre al fin y al cabo. Vistas desde cierta perspectiva parecen personas algo vanguardistas con chepa y cabeza agachada. Su base, de un color más duro, son pues y piernas pegadas, que ascienden con la columna torcida y desembocan en la cacerola para proyectar la luz, amarillenta y fría, de un color algo mas ocre. De ellas emana la tristeza de un mundo cruel y la inyección de egoísmo personificado. Individualismo gentil, con la cabeza baja, con bolsas en las manos que están llenas de productos envasados junto a sus caras, al vacío. Los zombies con tarjeta visa. Personas que compran una máscara todos los días en el espejo de sus cuartos de baño. 
Los banqueros tienen un rostro perenne y seco, con grandes barbillas y frente prominente que baja a las cuencas de los ojos, hundidas y con ojeras que siempre estuvieron ahí. Suben con sus espesos trajes las anchas y complicadas escaleras que disponen los edificios del banco, que no rasgan el cielo, ni arañan las nubes, las apuñalan. 
En una gran cueva, en los extrarradios de la llana ciudad reside un enorme monstruo peludo suave y ondeante que se deja mover con la fina brisa de otoño. Sus piernas son finas y fuertes, aunque den la sensación que se desquebrajarán de un momento a otro porque es inconcebible pensar que aguanten tremendas dimensiones.
Posee un único ojo, oscuro, algo pequeño respecto a su indefinido rostro, con la nariz de perfil, grande y majestuosa. Con su boca que parece estar muda porque no tiene orejas. Es alguien socialmente enfermo que a través del olor, el gusto, la vista y el tacto puede oír como crujen los edificios y como lloran las calles. Está frustrado, pero le gusta pasear por la ciudad, pasear sin pensar, con el viento en la cara y con la nariz apretada del frío que a modo de estornudo duele y refresca al mismo tiempo. El ojo se seca y lagrimea. 


Un día el monstruo despierta en su oscura cueva, grandes ingestas de las hierbas que aún resiste por el lugar, se coloca su gran gabardina marrón, sus grandes botas de punta de acero con signos claros de suciedad, con remaches y las costura de hilo a la vista.

Una vez en la ciudad, el Monster Rouge, es más alto que algunos edificio y su sombra y altura abruma las miradas de los personajes sociales de la ciudad que miran hacia arriba, solo ven sus piernas, con sus grandes botas que huelen a polvo y a cuero antiguo. El camina y no le importa sentir que es observado desde la lejanía de su calzado. Esquiva con delicadeza cada persona que camina. 
4. Camino a casa.
Algo deprimido vuelve a casa y con un bote de spray negro, también de enormes dimensiones, escribe en el muro que continua con la entrada a la cueva, es arquitrabazo y permite una bonita y limpia escritura. Primero lo agita, inspira y.. Suena como escribe, pero no se ve.

Es un día nuevo y está atardeciendo, en las afueras de la ciudad hay un gran parque que guarda un árbol enorme, ancestral, de más de 3.000 años. Monster añora sentarse, apoyarse sobre su lomo y leer un buen libro. Entonces procede a ello, al gusto de los literario. Se sienta con mirada hacia el ocaso del día, ¡quién lo diría! Saca de su gran gabardina un gran libro que huele a saber, Es un libro muy sugerente de tapa dura sin letras en la portada. Dentro pudo encontrar textos literarios, poseía libre y hojas en blanco. El autor quiso interactuar con los receptores, hacedles vibrar, y que participen de manera sinestesica aportando dibujos en los espacios nevados. Mientra lee la 4º poseía..
“ Absorberme y no ver más allá de ver poco a poco, 
Pero la luz me mueve y me transporta inexorablemente
Al placer de los perceptible.
La sombra donde me conozco y me aprieto el seso
Y me retuerzo de olor.
De olores y dolores pasajeros y tactos que permanecen
Y las vistas, más allá del cemento
Más allá del ver poco a poco y volver a absorberme..
Porque quiero.”
Las páginas son antiguas, del mismo color que emiten las farolas. Tiene las esquinas dobladas y los bordes gastados, escrito a mano con tinta negra. Monster comienza a dibujar, y dibuja.
Se puso el sol. Saca de la chaqueta, que más que un bolsillo parece una puerta astral una linterna de cueva. Se la coloca en la cabeza y sigue leyendo. Son las 12 de la noche y los jóvenes comienzan a acoplarse en los bancos con bolsas etílicas. Hablan, beben y fuman. Monster no se inmuta, disfruta la fruta fresca que le transmite el texto. Su cerebro está demasiado cansando y acusa las largas horas de lectura. Bosteza y con ello quita el peluquín a un señor introvertido, con mirada lasciva que pasea con su perro.
Duerme sin querer apoyado en el libro, no sabe cómo, a él le es imposible dormir en cualquier sitio que no tenga cojín y un espacio para estirarse. 

Sueña que camina por el mar en el aguas del Océano Atlántico. Vigía la costa de la ciudad metropolitana de  Nueva York. Camino hacia la estatua de la Libertad, que se está pegando unas buena vacaciones con vistas al mar. Coge aire y con todas sus fuerzas apaga la llama que arde gracias al oxígeno del dinero.

En ese momento despierta del sueño y ya es un nuevo día. Hoy ha salido el sol y los árboles del parque despiertan de su letargo respirando nuevos colores. De nuevo camina entre las calles menos sombrías de la ciudad, Siempre pasa por el gran apuñala nubes, suspira, mira hacia bajo y vuelve a caminar hasta su casa. 



Al día siguiente en su paseo matutino se llenó de valor y pudo mirar al completo el edificio del bando central de la ciudad, el conocido araña nubes, de frente y con la cabeza bien alta. Durante unos minutos de pensamiento a Monster se le pasaron por la cabeza descabelladas y crueles escenas de cómo podría llevar a cabo su acción. Sin embargo optó por caminar en creccendo hacia el edificio, saltó sobre él y escaló hasta el terrado sobre el cual se sentó y puso observar paisajes desde una altura considerable, que nunca había visto. 
Observa las nubes que solo cubren su ciudad, otra vez un día gris. Entonces cierra el ojo y con la cabeza algo elevada parece respirar aire puro, el viento le mueve el pelaje suave. La sombra oculta muchas de la calles de la ciudad que quedan detrás el gran bando central. A pesar de ello, de la envergadura de la situación la gente que pasa de frente no aprecia que el monstruo esté sentado sobre el edificio. Hasta que alguien mira hacia arriba y se sorprende al ver la suela del monstruo, que asciende en una pata fina, dura y peluda y se pierde. En sus divagaciones mentales piensa en voz alta: 

“ Yo me ahogo en el humo de la luz artificial, ha hecho estragos en mi retina. Ya no oigo como entonces, ni siquiera puedo ver el cielo. Puesto que nadie vendrá a salvarme escalé pisoteando el engaño y la angustia. Sin embargo el cielo sigue sin ser cielo, la luz sin vatios es reconfortante sin duda. Aquí ya no pueden hacerme daño.”

Después de este arranque de adrenalina, feliz y contento como una monja en un convento vuelve a casa. ¡Por fin!

Y al entrar en casa, al lado de la puerta una letras con caligrafía clásica que dicen:
“ Beban zumo de naranja, no de inercia. 
Atentamente: Monster Rouge.”